Costas de la aldea. Agamenón Castrillón
$400
Agamenón despliega un estilo propio que incorpora con gracia nuestro lenguaje popular y nuestras historias chicas que la literatura hace grandes. Cuentos como «El Oriental» son bien llevados, con intriga, con espléndido lenguaje y diálogos -el autor sabe de las charlas de fogón-, con personajes logrados y un final inesperado que satisface plenamente al lector. O «La barra del Vasquito», con sus personajes, sus apodos, la descripción dialogada de un partido de fútbol y un final con un humor especialísimo. O «Guerreros», impactante; que atosiga, que ahoga con la verdad de esta época que, probablemente, es la de la aventura del hombre sobre el planeta, «la violencia está en nosotros», sí. O «El muerto del tajamar», el diálogo, el toque de humor, con frases recordables, que llegan: «Lo lindo de la tierra es que no se muere ni se va, como sus dueños». Y cuentos con humor desopilante, como «Rotos y descosidos», con especial lenguaje; o «Química», tan ingenioso. Otros como «Las palabras de las piedras», con ensamble de los mitos criollos con la historia real de los indios y el clima natural de un paseo común que se torna fantástico. El último cuento es un cierre estupendo para la colección, con su recorrida intransferible por diversas zonas y personajes y la entrada mágica en la vieja, ruinosa Facultad de Humanidades, poblada de fantasmas.
Estamos ante un excelente libro de cuentos, con temática variada aunque con unidad y con un estilo que cambia de acuerdo con la circunstancia narrada, y que refleja con certeza e ingenio el entorno, las distintas situaciones sociales. Sylvia Lago
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